Los bulos de la gripe.

Con la llegada de la época invernal y el consecuente descenso de temperaturas, los casos de resfriado común y gripe brotan a miles. Y con ellos los presuntos tratamientos que prometen curar todos y cada uno de sus síntomas. Si realizamos una rápida búsqueda por la Red, los remedios caseros naturales y los no tan naturales suelen repetirse año tras año.

La realidad es que, a día de hoy, ni la gripe ni el catarro tienen cura alguna ni sus síntomas pueden erradicarse mediante ningún remedio conocido. De hecho, aunque la gripe posee una vacuna que se renueva año tras año, tampoco es 100% efectiva en ningún caso, aunque una cantidad significativa de individuos llega a prevenir la enfermedad y otras complicaciones sobreañadidas.

Asimismo, los tratamientos médicos contra la gripe, como el conocido Tamiflu o el recientemente anunciado Xofluza, tampoco han demostrado ningún tipo de eficacia más allá de reducir unas pocas horas la evolución natural de la enfermedad. Pero los remedios naturales tampoco aportan una mejoría significativa.

Las supuestas infusiones antigripales

Algunas sustancias como el jengibre, la equinácea, las hierbas chinas, el té verde o el ajo se han exhibido como potentes antigripales durante años, siendo ingredientes esenciales en multitud de recetas caseras. Si bien es cierto que todos estos elementos, en diversos estudios, han demostrado poseer ciertas propiedades analgésicas y antibacterianas, la realidad es que algunos de estos ensayos ha probado tener fallos posteriormente y deben interpretarse correctamente.

En 2010, un estudio publicado en Evidence-based Complementary & Alternative Medicine intentó analizar las potenciales propiedades de estos y otros muchos remedios como posibles tratamientos alternativos contra la gripe, concretamente contra una potencial pandemia de gripe H1N1 o gripe porcina. El estudio concluía que “la medicina complementaria y alternativa ofrece una gran cantidad de posibilidades interesantes para ayudar a los pacientes”, pero una revisión posterior ha señalado problemas flagrantes.

Por ejemplo, sobre el jengibre o Zingiber officinale, este trabajo sugiere propiedades analgésicas y antibacterianas, pero se basa en estudios de laboratorio realizados en animales publicados hace casi 30 años, destacando el gingerol que contiene el jengibre, junto a las alicinas, unas sustancias con propiedades antiagregantes (similar a las propiedades de la conocida aspirina).

Además, también se comentan trabajos donde se han extraído “agentes anti-gripe” del jengibre, en este caso basándose en una revisión sobre la medicina tradicional china. Pero, por el momento, ningún otro trabajo ha corroborado estos resultados más allá de la mera observación supuestamente realizada en esta medicina tradicional. Si bien es posible que los extractos de esta sustancia tienen cierto potencial, tomarlo de forma natural sin más no parece lograr dichos efectos.

Por otro lado, respecto a la equinácea, cabe destacar que existen hasta nueve especies diferentes nativo de América del Norte. Supuestamente, ayuda a estimular el sistema inmune humano frente a las infecciones en general, pudiendo reducir los síntomas de las infecciones respiratorias si se toma pronto. Sin embargo, estas afirmaciones se basan de nuevo en un estudio realizado hace 30 años con apenas 227 inidividuos (una muestra escasa), basándose en parámetros de laboratorio mayormente.

Por su parte, el té verde, elaborado a partir de hojas de Camellia sinensis, suele rodearse de multitud de elogios por su potencial terapéutico general: desde la pérdida de peso hasta la prevención de enfermedades cardiovasculares y determinados tipos de cáncer. En este caso, se sabe que el té verde posee diversos antioxidantes naturales, como los polifenoles y las catequinas; los derivados de estos últimos habrían demostrado cierto potencial antiviral.

Sin embargo, las concentraciones necesarias para lograr dicho potencial serían bastante elevadas, como confesaron los mismos autores del estudio en el que se basa esta revisión sobre medicina alternativa contra la gripe. Sí, es cierto que el té verde posee todas estas moléculas, pero la cantidad de té necesaria para que el organismo humano absorba todas ellas de forma significativa es mucho mayor de la que se lograría bebiendo té a diario.

Así mismo también se suele hablar del té de hierbas chinas o Scheffera heptaphylla, que suele usarse comúnmente contra el resfriado común en el sur de China. Según esta revisión, dichas hierbas poseerían actividad antiviral, aunque se basan en estudios donde se estudiaba el virus sincitial respiratorio o VSR y no en el virus de la gripe como tal. Y, como sucede con el caso del té, en el estudio contra VSR también se extrajeron extractos de las hierbas y se estudiaron en laboratorio, pero no se detalla qué cantidad debería consumir un ser humano para poder disfrutar de tales propiedades terapéuticas.

Los otros supuestos compuestos antigripales

En otro orden de compuestos está el ajo, cuyas propiedades en la prevención y tratamiento de diversas enfermedades han sido estudiadas en múltiples ocasiones. De hecho, sus propiedades contra bacterias, hongos y parásitos sí están documentadas. Sin embargo, en lo que concierne a los virus,los estudios son más bien escasos, y tan solo en laboratorio.

Y, aún así, una reciente revisión publicada en el Avicenna Journal of Phytomedicine, a partir de la literatura científica al respecto, llegó a la conclusión de que, aunque el ajo pueda haber demostrado en varias ocasiones potencial contra enfermedades infecciosas en general, la evidencia científica al respecto sigue siendo escasa, ya sea por la metodología científica usada o por las escasas muestras de individuos que participaron en cada uno de los estudios revisados. Por tanto, tampoco se puede afirmar que el ajo tenga efectividad alguna ni contra la gripe ni contra ningún otro tipo de infección.

La mostaza, por su parte, se habría hecho popular por su contenido en vitamina C, de forma similar a lo que se suele decir respecto al resfriado común. Sin embargo, en ambas enfermedades el aporte vitamínico, ya sea en forma de alimentación o suplementación, es totalmente inútil: se trata de un mito extendido por Linus Pauling, el químico considerado “padre” de la biología molecular y dos veces premio Nobel. Llevó a cabo un ensayo clínico con una metodología dudosa, puramente observacional, pero logró extender el mito hasta nuestros días.

Por otro lado, la miel sí ha demostrado mejorar la tos, al menos en niños, según una reciente revisión publicada por Cochrane en abril de 2018. Sin embargo, no ha demostrado ser un antiviral al uso, por lo que no hay evidencia de su actividad contra el virus de la gripe. Se trata de un remedio puramente sintomático, y nada más.

Finalmente, los lácteos en general también se suelen usar contra el dolor de garganta, dado que su textura ayuda a mejorar la irritabilidad de la misma tanto en la gripe como en otras dolencias respiratorias leves. Sin embargo, algunos individuos aducen que su elevado contenido en probióticos podría ayudar a mejorar la gripe. Sin embargo, de nuevo la evidencia al respecto es escasa.

Por el momento, algunos metaanálisis, como el que se publicó en enero de 2018 en Drug Design, Development & Therapy sí han vislumbrado algunos efectos beneficiosos, pero en otro contexto: la suplementación con probióticos, tras la vacunación contra la gripe, podría mejorar la efectividad de la vacuna. Pero, aún con dichos resultados, los autores sugieren que será necesario continuar realizando estudios al respecto. Y como se puede observar, la vacuna de la gripe sería necesaria en la ecuación.

[Más información: Todo lo que tienes que saber antes de tomar paracetamol]

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